Terminator
El mito que todavía organiza el futuro.
Prólogo circular: “mi madre siempre piensa en el futuro”
Los Ángeles, 2029 d.C. La distopía —nuestra distopía— finalmente ocurrió. La guerra se remonta al menos hasta los años noventa del siglo XX, pero es ahora cuando las máquinas aceleran en su carrera por exterminar a la humanidad. Su plan es evitar que John, el líder de la resistencia, nazca y por eso envían al T-800 al pasado con el propósito de eliminar a su madre: Sarah Connor.
Los Ángeles, 1984 d.C. El 12 de mayo el implacable T-800 irrumpe en la ciudad de Sarah. Pero también lo hace Kyle Reese, utilizando el mismo dispositivo de desplazamiento temporal. A Kyle se le asigna la difícil tarea de proteger a Sarah. Estamos en Terminator 1 (Cameron, 1984). En medio de la lucha, Kyle y Sarah se enamoran. Ella logra mantenerse con vida. Ya embarazada, comienza a registrar unos casetes para su hijo: es una memoria de la lucha.
Los Ángeles, 1995 d.C. Ahora Sarah está confinada en un hospital psiquiátrico. John a sus diez años vive con una familia adoptiva. Las máquinas prueban con otra estrategia: envían al T-1000 a asesinar a JC (sí, el futuro líder es un JC). Pero la resistencia también: ahora es un T-800 el encargado de proteger a John. Estamos en Terminator 2 (Cameron, 1991). Sarah decide acabar con el director de proyectos especiales de Cyberdyne Systems Corporation, Miles Bennett Dyson. Esta compañía está en la base de la creación de Skynet: un sistema que reemplaza las decisiones humanas en materia de defensa estratégica.
Según relata el T-800, el 29 de agosto de 1997 Skynet tendrá conciencia propia...
El mito: cómo se fabrica un destino
Terminator construye uno de los grandes mitos tecnológicos del siglo XX. Toma los miedos de una época (la Guerra Fría, la amenaza nuclear, la automatización militar, los primeros balbuceos de la inteligencia artificial) y los convierte en un relato que todavía hoy organiza buena parte de nuestra imaginación sobre las máquinas. Pero la película es más inteligente de lo que el mito permite recordar. Skynet no es un villano autónomo y mágico, es la consecuencia de una decisión profundamente humana: delegar la defensa estratégica en un sistema técnico.
(Para 1983 ya había sido lanzada la película War games, en la que un hacker adolescente accede a una supercomputadora a la que el gobierno de los Estados Unidos le había delegado el control de su estructura de lanzamiento de misiles con el propósito de eliminar cualquier tipo de intervención humana).
El mismo año en que se estrenó Terminator 1, Apple pagó 800.000 dólares a la cadena CBS para emitir en una pausa comercial durante el tercer cuarto del Super Bowl su famoso aviso 1984, preparado por Ridley Scott (antes director de Alien y Blade Runner). El epílogo de la publicidad decía: “El 24 de enero, Apple Computer presentará la Macintosh. Y verás por qué 1984 no será como 1984”. Esta publicidad retomaba tópicos del movimiento contracultural nacido en la década de 1960 y en auge a principios de los años 70 (empoderamiento, libertad personal, comunidad) y los colocaba como parte de un discurso que aspiraba a dejar atrás, ya definitivamente, la dudosa reputación de la que gozaban las máquinas hasta hace no mucho tiempo, cuando se las consideraba, precisamente, instrumentos de control, al servicio de corporaciones o gobiernos burocráticos.
El T-800 aprende, intenta sobrevivir, responde de acuerdo con la lógica para la que fue diseñado. El desastre no empieza cuando Skynet cobra conciencia, porque empieza mucho antes, cuando alguien decide que ciertas decisiones críticas ya no tienen por qué pasar por personas.
Terminator 1 muestra la inercia de la tecnificación de la vida cotidiana (de hecho, cada secuencia gira en torno a un aparato: el camióN de la basura con sus brazos robóticos, la escalera mecánica, el walkman, el contestador), Terminator 2 sale de la escala doméstica y mira más arriba: a las estructuras tecnológicas y militares en las que se tomaron las decisiones que parieron el nuevo orden.
Nadie se salva solo
Sarah Connor representa el miedo y la reacción defensiva: la eligieron para ser la madre del futuro. Ella era una girl que quería tener citas e ir al cine y ahora tiene que parir un hijo que engendró con un viajero del futuro y salvar al mundo. Su arco es fascinante porque termina pareciéndose cada vez más al enemigo que combate. Finalmente, se da cuenta de que se necesita más que entrenamiento, dureza y estrategia para escribir un destino diferente.
En Terminator 2 , Sara fue apresada por la ciencia moderna: está prisionera en un manicomio en el que soporta (otra vez) al Dr. Peter Silberman. La vida premia a los imbéciles con los mejores puestos. Sara tiene pesadillas... ¿o memorias del futuro? No hay lugar para los sueños en la época moderna.
John Connor encarna otra posición porque no intenta destruir la tecnología, intenta comprenderla, enseñarle, establecer un vínculo. Pero además es hijo de una guerrera. Recibió de su madre una larga serie de cassettes: estas cintas constituyen la memoria de una lucha.
Es el que insiste en que una máquina de matar aprenda a sonreír y el que le explica a un robot por qué lloran los seres humanos. Desde la primera escena está enredado en la malla sin costuras: motos, cajeros, computadoras, videojuegos. Pone siempre la cuota de humanidad, de humor, de picardía, de curiosidad: lo que necesitamos para sobrevivir.
Cameron lo presenta arreglando el motor de un auto, robando un cajero automático, entrenando en los videojuegos (que se parecen demasiado a la realidad en la que tendrá que combatir más adelante). John Connor es un JC. Un mesías.
Dyson representa la fascinación por el progreso técnico. No es un villano, es un investigador brillante convencido de que está haciendo ciencia, nada más que ciencia, como si eso fuera posible. Dyson dice “¿cómo íbamos a saberlo?”. El problema es que nunca se pregunta en qué sistema político, militar y económico va a inscribirse lo que está construyendo. Y esa es una de las ideas más potentes de la película: nadie está haciendo solamente “lo suyo”. Ciencia, tecnología, Estado, mercado y sociedad forman una misma red. Solo reacciona cuando su propia vida y su familia están en juego, el individualismo puesto en jaque por la muerte. Es el creador y el único capaz de destruir su obra, lo paga con la vida.
Llama la atención que la película no mire a un empresario de una big tech. Prefiere contar la historia de un técnico. Como si no nos estuviera dado poder mirar a los ojos a quienes toman las decisiones. Sólo podemos dar con quienes las ejecutan.
La malla sin costuras: las interfaces como mecanismo narrativo y autoconciencia
En Terminator la tecnología nunca funciona como escenografía porque las interfaces organizan la acción. La guía telefónica hace posible la cacería de Sarah Connor, los teléfonos públicos permiten comunicarse y escapar, los contestadores automáticos cambian el rumbo de la persecución. Y cuando Cameron muestra el mundo a través de la visión computacional del Terminator, no está decorando la pantalla: está proponiendo que hay otra forma de percibir la realidad, una forma no humana que ya estaba ahí y que nosotros simplemente no experimentamos. Cameron propone formas específicas de interacción entre humanos y sistemas técnicos.
No queda otra que hacerse cargo
“El futuro, que siempre había sido tan claro para mí, se había convertido en una carretera negra en medio de la noche. Ahora estábamos en territorio desconocido... escribiendo la historia a medida que avanzábamos.”Sarah ConnorEl verdadero problema o la raíz del problema no es que la IA alcance una conciencia sino cómo llegó hasta ahí. La delegación y la automatización extrema nos ponen en peligro. Skynet destruye al mundo porque alguien decidió confiarle la capacidad de decidir y esa discusión atraviesa hoy los sistemas de armas autónomas, las infraestructuras críticas, los modelos de inteligencia artificial, las plataformas que concentran conocimiento y los sistemas automatizados de decisión.
De Alex Karp a Dario Amodei, los nombres cambian pero la pregunta es la misma que formulaba la película hace cuarenta años: ¿qué decisiones estamos dispuestos a entregar a una máquina y quién asume la responsabilidad cuando esas decisiones producen consecuencias negativas?
La frase de Sarah Connor, cuando dice que el futuro que siempre había sido tan nítido ahora es una carretera oscura, resignifica las dos películas. En esa oscuridad llena de incertidumbre se representa la posibilidad de intervenir. Mientras el destino parecía escrito, no había política posible, pero cuando este deja de estar escrito, aparecen la responsabilidad y la acción colectiva.
Y ahí emerge un hilo silencioso que atraviesa toda la saga y que no se trata de afirmar ingenuamente que “el amor salva al mundo”. Se trata de observar que todas las transformaciones importantes de la historia ocurren a través de vínculos, de los quiebres y las reinvenciones. Kyle vuelve porque ama a John. Sarah cambia cuando deja de ver objetivos y vuelve a ver personas. John insiste en que incluso una máquina puede aprender algo de la experiencia humana. Dyson destruye su propia obra cuando comprende que detrás de esa tecnología está el destino de la humanidad. Y el Terminator termina modificando su comportamiento porque alguien decidió tratarlo como algo más que una herramienta.
Tal vez ese sea el verdadero contrapunto de la saga: las máquinas pueden aprender patrones, optimizar decisiones, ejecutar órdenes. Pero el futuro sigue dependiendo de la capacidad humana para construir vínculos, asumir responsabilidades y actuar colectivamente. Esa es la idea que resume la frase con la que Cameron decide cerrar la historia: no hay destino, salvo el que nosotros hacemos.
“El futuro desconocido se nos viene encima. Lo enfrento por primera vez con esperanza, porque si una máquina, un Terminator, puede aprender el valor de la vida humana, tal vez nosotros también podamos.”Sarah Connor
Epílogo
Al poco tiempo de conocerse, John le ordena a la T-800 que no debe “ir por ahí matando gente”. La máquina le pregunta “¿por qué?”. También la instruye en el complejo lenguaje de las lágrimas: “cuando no te pasa nada malo... pero te duele de todos modos. ¿Lo entiendes?”. En Terminator 2, seres humanos y máquinas no son enemigos. Al contrario: forman parte de una alianza estratégica en contra de un mundo sin valores, en el que cualquiera puede ser cualquiera y todos somos intercambiables, porque ya somos pura apariencia. Una “farándula de clones”, como dijo el poeta. Una Modernidad tan líquida como el T-1000.
Por Julián Mónaco y Florencia Cornara








Muy bueno, la hipótesis de la máquina simbionte.