HARTOS
El hilo del malestar ante un mundo que adolece
Shinji Ikari, el protagonista de Evangelion, es un adolescente en un mundo postapocalíptico que, huérfano de madre e hijo de un padre científico psicópata, tiene que salvar al mundo fusionándose con una máquina. Llora, patalea, se resiste. Es entendible, tiene 14 años.
Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó un ensayo de 23.000 palabras en enero de 2026 al que llamó La adolescencia de la tecnología, en el que vuelca ampliamente los peligros y miedos de la tecnología que desarrolla. La introducción incluye una cita sobre un texto de Sagan adaptado a película donde una científica dice que la pregunta que le haría a los aliens es: “¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo evolucionaron? ¿Cómo sobrevivieron a esta adolescencia tecnológica sin autodestruirse?”. Como en un rito de pasaje, Amodei plantea una escena de todo o nada: evolucionamos a una sociedad madura, superdotada, longeva y sana, o nos destruimos en el camino.
El mundo que conocíamos no existe más y el que está por venir está verde, crudo, mutante, adolescente. Somos Shinji en un desafío demoledor. Pero en la adolescencia del mundo se deja entrever un germen que caracteriza a lo que adolece: la resistencia, porque duele.
Abucheos por doquier
Las cosas cambian, pero algunas permanecen. El abucheo es una forma milenaria de dejarle claro al que está enfrente que está todo mal. Desde el teatro griego en el siglo V antes de Cristo hasta hoy, desde Harvard a Chacarita.
28 de abril de 2026, Buenos Aires, Movistar Arena. Ariel Sbdar, CEO de Cocos Capital, una fintech argentina, se para delante de 12.000 adolescentes que fueron obligados a asistir a un evento de promoción empresarial. Su premisa es que no llevó nada preparado y le va a pedir a Claude que haga la presentación en el momento. Nunca empezó porque los abucheos lo abrumaron.
16 de mayo de 2026, Universidad de Arizona. El ex CEO de Google, Eric Schmidt, lanza un discurso a los graduados. Los invita a abrazar la IA que, según él, es el futuro. Se lo dice a la misma generación que en Estados Unidos que enfrenta un 5,7% de desempleo. Muchos estudiaron lo que los mismos hombres, años atrás, dijeron que era el futuro. Se endeudaron para asegurarse una vida estable y no hay tierra a la vista. El rechazo es rotundo y la escena se repite el mismo mes en la Middle Tennessee State University, con el CEO del sello musical que litigó con Taylor Swift, Scott Borchetta, y en Glendale Community College, mientras fallaba la IA que nombraba a los estudiantes para que subieran a recibir su diploma.
Hace algunos días, alguien entiende el momento. Es el comediante Ronny Chieng, quien en el Class Day de Harvard 2026 dijo “¿Puedo decir fuck AI, fuck AI, fuck AI?” y recibió vítores y aplausos, en un discurso donde les dice a los estudiantes que el dinero no es lo más importante y que pueden cambiar el mundo.
La protesta y la organización
La industria del software cruje desde adentro. El año pasado, en plena celebración del 50 aniversario de Microsoft, empleados se manifestaron mientras se presentaba Copilot, luego de revelarse que sus modelos habían sido usados para seleccionar objetivos de bombardeo. Este año, después de que Anthropic se negara a brindarle servicios al Pentágono, esgrimiendo que no cumplían sus condiciones, y OpenAI los aceptara, ese fin de semana se armó el movimiento #QuitChatGPT, que dejó 2,5 millones de usuarios menos en la app. En esta sintonía, empleados de todas las compañías apoyaron públicamente los límites de seguridad y muchos renunciaron a sus empresas, incluso el jefe de seguridad de Anthropic, que se fue un mes antes con una carta que decía: “Parecemos estar acercándonos a un umbral en el que nuestra sabiduría debe crecer en la misma medida que nuestra capacidad de afectar el mundo, si no queremos enfrentar las consecuencias.”
En Google, más de 880 empleados y contratistas firmaron una petición exigiendo a la empresa que revele y cancele cualquier contrato con las autoridades de inmigración estadounidenses. En la carta, publicada en googlers-against-ice.com, los trabajadores expresaron su oposición a las relaciones de Google con el Departamento de Seguridad Nacional, que incluye al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). Un ingeniero de software, que pidió no ser identificado por temor a represalias, dijo en Wired: “Nos oponemos a que la tecnología que desarrollamos se utilice para alimentar la violencia estatal en todo el mundo.”
La resistencia
Las formas de modificar la realidad surgen también en las comunidades y sus representantes. Los data centers aparecieron en tierras cultivables, barrios residenciales, cerca de escuelas, consumiendo agua y electricidad de manera monstruosa. En Estados Unidos, más de 140 grupos locales lograron bloquear o retrasar proyectos. Recordemos que en 2025 se lanzó el Proyecto Stargate, una empresa público-privada anunciada por Trump con una inversión prevista de 500.000 millones de dólares en cuatro años para construir una red nacional de data centers de IA, empezando por Texas. Es la mayor construcción de infraestructura de IA de la historia de Estados Unidos. Por ahora se estima que por lo menos el 50% de los proyectos anunciados no arrancan.
En este contexto, Estados Unidos empieza a organizarse para resistir la destrucción de la calidad de vida en pos de su proyecto nacional: la IA como el gran valor que hará la diferencia entre ser un país poderoso o uno sometido. En New Jersey, en febrero de este año, ante cientos de personas, el concejo municipal canceló la construcción de un data center y aprobó la construcción de un parque público. En Michigan se movilizaron contra el data center de OpenAI de 7.000 millones de dólares y la lucha continúa, la política local y los vecinos están conmocionados y en constante protesta. Se juntaron republicanos en contra de las facturas de la luz y demócratas preocupados por el agua y el medioambiente. En mayo, la diputada demócrata Alexandria Ocasio-Cortez presentó en una audiencia dos frascos de agua inmunda proveniente de las cercanías de un data center de Meta en Georgia que consume el 10% del agua del condado.
En la primera semana de junio de 2026, Bernie Sanders anunció una iniciativa para que el Estado tome el 50% de las acciones de las grandes empresas de inteligencia artificial. El viernes 5 de junio, el estado de Nueva York aprobó una moratoria de un año sobre la construcción de nuevos data centers.
Hicieron enojar a Paris: las mujeres siempre al frente
Este año arrancó con la red social X inundada de deepfakes sexuales: más de 1,8 millones de imágenes sexualizadas de mujeres en nueve días. Una tendencia internacional impulsada por varones y, sobre todo, por el dueño de la plataforma, Elon Musk. El rechazo fue también sin fronteras e hizo resurgir la figura de la socialité Paris Hilton, quien en los años 2000 sufrió la publicación de un video sexual sin su consentimiento. Junto a la congresista Ocasio-Cortez presentaron un proyecto de ley llamado DEFIANCE que permitiría a las víctimas de deepfakes pornográficos no consensuados demandar a quienes los crean y distribuyen. Hilton dijo: “Hoy, lo que me pasó a mí les está pasando a millones de mujeres y niñas de una forma nueva y más aterradora. Antes alguien tenía que traicionarte y robarte algo real. Ahora solo hace falta una computadora y la imaginación de un extraño.”
El contrapeso como herramienta clave
En este contexto emerge la encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas. No vamos a hacer un repaso, hay miles disponibles en la web. Pero dejemos algo en claro, una figura con peso geopolítico, histórico y espiritual se encarga de ordenar las ideas respecto a volver a poner al humano en el centro, reconoce peligros, describe los conflictos de interés y otorga un marco de pensamiento para hacerle contrapeso a la narrativa totalizante y con aires de inevitabilidad que aceleran los poderosos.
El 20 de mayo de 2026, en el primer aniversario de su libro El imperio de la IA, la periodista Karen Hao lanzó la AI Resist List, una base de datos pública y colaborativa que documenta resistencias globales a la IA: acciones laborales, desafíos legales, organización comunitaria. La frase de bienvenida dice: “Nada del trayecto actual del desarrollo de la inteligencia artificial es inevitable.”
La premisa es que “Ahora, personas de todo el mundo se están movilizando para resistir los imperios de la IA y para cultivar visiones de futuro que beneficien a todos. En medio de una avalancha de noticias negativas, este proyecto se centra en la esperanza.”
Esta no es la primera vez que una tecnología reorganiza el mundo y deja a las personas sin piso, es una puja por el nuevo mundo. Y esa puja abre una puerta que antes estaba cerrada: hay que usarla para discutir todo lo que queremos discutir.
Dice Solnit en la web de la AI Resist List: “Escribimos la historia con nuestros pies y con nuestra presencia y nuestra voz colectiva y nuestra visión. Podemos cambiar el mundo porque lo hemos hecho muchas veces antes.”
La adolescencia es un momento ¿Cómo la vamos a transitar como humanidad?










Brillante y agudo texto! En mis dos últimas columnas de Substack he volcado mi preocupación al respecto y he consignado un análisis sobre la importancia de Magnífica Humanitas y señalé la coincidencia de un artículo de The Economist advirtiendo al mundo del peligro que significa el desarrollo descontrolado de la IA. Pero tu texto aporta una dosis de esperanza que los míos no lograron desplegar. Yo hablo de la lucha individual, el aporte solitario de aquellos que levantamos la voz contra un mundo en franco proceso de deshumanización. Tu nota, con precisión quirúrgica nos relata episodios dispersos que denotan un principio esperanzador, destellos de comunidad organizada en procura de un imprescindible retorno al humanismo. Te felicito de todo corazón !!! HARTOS es una convocatoria a un sentido humano que conmueve…
Hoy en un espacio con orgas de la sociedad civil de Latam, escuche el concepto: colonización del imaginario. La persona explicaba que cuando no logramos ser creativos en nuestras resistencias o formas de incidir en lo públicos o en imaginarnos otro futuro, es porque nuestra imaginación ha sido colonizada (o eso entendí yo). El mismo día, leo este texto tan maravilloso y se me activan las neuronas. Mi imaginación (nuestra) aún no hay sido colonizadas. Resistamos.